Guía para familias
Cuidar a distancia: cómo acompañar si vivís lejos
Publicado el 6 min de lectura
Sí, se puede acompañar bien a tu mamá o a tu papá aunque vivas lejos. No vas a estar todos los días, y eso está bien. Lo que importa es que haya una comunicación previsible con el equipo, visitas pensadas y un plan claro para cuando algo pasa.
Muchas familias que nos consultan viven en CABA, en el Gran Buenos Aires, en La Plata o en Mar del Plata. Eligen la costa por el aire, por la tranquilidad o porque su familiar vivió acá toda la vida. Y casi todas llegan con la misma pregunta: ¿cómo voy a saber que está bien si no lo veo?
Acá van algunas ideas que vimos funcionar a lo largo de los años.
¿Cómo armar una rutina de comunicación con el equipo?
Lo primero es saber cómo se comunica la residencia con las familias. Preguntalo en la primera entrevista, antes del ingreso. En nuestro caso lo contamos en la página de familias.
Algunas preguntas útiles:
- ¿Por qué medio me van a avisar de novedades: llamada, WhatsApp, mail?
- ¿Cada cuánto puedo pedir un informe de cómo está?
- ¿Con quién hablo si tengo una duda médica? ¿Y si es sobre la ropa o la comida?
- ¿En qué horarios conviene llamar?
Con esas respuestas podés armar tu propia rutina. Por ejemplo, una llamada corta al equipo una vez por semana y un informe más completo una vez por mes.
Lo previsible tranquiliza. Si sabés que el lunes vas a tener noticias, no pasás la semana mirando el teléfono.
¿Sirven las videollamadas?
Sirven mucho, pero conviene adaptarlas a cada persona.
A algunos residentes les encanta ver a los nietos por la pantalla. A otros, sobre todo si tienen deterioro cognitivo, la videollamada los confunde o los cansa. No hay una regla.
Algunas recomendaciones:
- Fijá un horario. Siempre el mismo día y a la misma hora ayuda a que se vuelva una costumbre.
- Que sean cortas. Diez o quince minutos alcanzan. Mejor una llamada breve y alegre que una larga y agotadora.
- Evitá los horarios de comida o de descanso. Preguntale al equipo cuándo es mejor.
- Llevá algo para mostrar. Una foto, el perro, el jardín de tu casa. Da tema de conversación sin necesidad de preguntar “¿cómo estás?” diez veces.
- No te angusties si un día no sale bien. Hay días mejores y días peores. Eso no dice nada sobre tu cariño.
¿Quién es el contacto familiar y por qué conviene que sea uno solo?
Cuando hay varios hijos o sobrinos, conviene elegir una persona como contacto principal con la residencia. Es quien recibe los avisos, firma las autorizaciones y hace de puente con el resto.
Esto no quiere decir que los demás queden afuera. Quiere decir que el equipo sabe a quién llamar primero y que la información no se pierde entre cinco teléfonos distintos.
También conviene definir un segundo contacto, por si el primero no atiende o no está disponible.
Ese contacto principal no tiene que ser necesariamente el que vive más cerca. Tiene que ser alguien disponible, ordenado y que pueda transmitir las novedades al resto sin dramatizar ni minimizar.
¿Cómo coordinar entre hermanos sin pelearse?
Cuidar a distancia entre varios es más fácil si se reparten tareas y no solo culpas. Algunas ideas:
- Un grupo de WhatsApp solo para novedades del cuidado. Sin cadenas ni memes, para que lo importante no se pierda.
- Una carpeta compartida con documentos, estudios médicos, facturas y la lista de medicación.
- Tareas asignadas. Uno se ocupa de los trámites con la obra social, otro de la ropa y los objetos personales, otro de organizar las visitas.
- Un calendario de visitas para que no vayan todos el mismo fin de semana y después pase un mes sin nadie.
Si uno de los hermanos aporta más dinero y otro más tiempo, está bien hablarlo abiertamente. Cada familia encuentra su equilibrio.
Para la parte de los papeles, en Reintegros de prepagas y obras sociales tenés una guía sobre cómo suele funcionar el trámite.
¿Cómo planificar las visitas?
Una visita bien pensada vale más que muchas apuradas.
Antes de viajar, avisale al equipo cuándo vas a ir. Así pueden contarte cómo viene la semana y, si hace falta, ajustar algo de la rutina para que tu familiar esté descansado.
Algunas sugerencias:
- Consultá los horarios de visita antes de sacar pasajes.
- Si podés, quedate más de un día. Una visita de dos o tres días permite ver distintos momentos: una comida, una actividad, una tarde tranquila.
- Aprovechá para hablar con el equipo. Pedí unos minutos con enfermería o con quien coordine el cuidado. En persona salen preguntas que por teléfono no se te ocurren.
- No llenes la visita de trámites. Dejá tiempo para estar, sin hacer nada en particular. Tomar un mate en el jardín también es acompañar.
Si querés saber cómo es la rutina diaria de los residentes para elegir el mejor momento, en Un día en Miraluna la contamos.
¿Qué preguntarle al equipo para quedarte tranquilo?
Más allá de “¿cómo está?”, hay preguntas concretas que dan una idea más real:
- ¿Cómo está comiendo y durmiendo?
- ¿En qué actividades participa? ¿Cuáles disfruta?
- ¿Con quién se lleva bien?
- ¿Hubo algún cambio en la medicación o en su estado?
- ¿Hay algo que necesite: ropa, artículos de higiene, algún objeto que extrañe?
Anotá las respuestas. Con el tiempo, vas a ver la evolución mucho mejor que confiando en la memoria.
¿Qué hacer si hay una emergencia y estás lejos?
Este es el miedo más grande de quien vive lejos. La mejor forma de bajarlo es tener un plan antes de que haga falta.
Hablá con la residencia y dejá en claro:
- A quién llaman primero y en qué orden, con teléfonos actualizados.
- A qué centro de salud derivan en caso de urgencia y cómo es el traslado.
- Qué cobertura médica tiene tu familiar y dónde está la credencial.
- Si hay directivas o voluntades sobre su atención que el equipo tenga que conocer. Esto conviene conversarlo con su médico.
- Quién de la familia puede viajar rápido si hace falta, o si hay algún pariente o amigo de confianza en la zona.
Tener esto por escrito y compartido con tus hermanos evita decisiones apuradas en el peor momento.
¿Qué hago con la culpa?
Es muy común sentir culpa por no estar cerca. Lo escuchamos casi todas las semanas.
No te vamos a decir que no la sientas. Pero sí te podemos decir algo que vemos seguido: muchas familias que viven lejos están muy presentes. Llaman, preguntan, visitan cuando pueden y se ocupan de lo que hace falta. Eso es cuidar.
La distancia no te convierte en un mal hijo ni en una mala hija. Elegir un lugar donde tu familiar esté acompañado las 24 horas también es una forma de cuidarlo.
Si sentís que la culpa te pesa demasiado, hablarlo con alguien de confianza o con un profesional puede ayudar. Cuidarte a vos también es parte de sostener esto en el tiempo.
Si recién estás empezando a pensar en una residencia, quizás te sirva leer cómo saber si es momento o cómo acompañar el primer mes.
Acompañar desde lejos se aprende. Los primeros meses cuestan más, hasta que se arma una rutina y aparece la confianza con el equipo. Después, cada llamada y cada visita empiezan a sentirse menos como un control y más como lo que son: un rato compartido con alguien que querés.